Cuatro pintores unidos por una amistad colaboran en esta exposición, en la que predomina el estilo abstracto, una apertura sensorial y emocional al mundo.
Cada artista autodidacta tiene una trayectoria personal y profesional que personaliza en su
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Cuatro pintores unidos por una amistad colaboran en esta exposición, en la que predomina el estilo abstracto, una apertura sensorial y emocional al mundo.
Cada artista autodidacta tiene una trayectoria personal y profesional que personaliza en su expresión pictórica. Ya sea mediante el trabajo de la materia, los matices del negro, las composiciones depuradas o los personajes fantasmagóricos. Esta exposición se enriquece con la singularidad de cada uno, la alteridad, pero también con la confluencia común de energías, la riqueza de la creatividad y la libertad de expresión. Encontramos una base común en torno a la sensorialidad, lo emocional, lo pulsional traducido en las diferentes obras y su resonancia para el espectador. Las diferencias de cada artista se convierten en el hilo conductor, una especie de recorrido coherente y fluido de la exposición.
Aunque la pintura es una pasión, una inversión personal y, sobre todo, un placer, a menudo se habla del «trabajo del artista». Mostramos modestia y humildad, transmitimos emociones, ensueño, placer compartido, pero el rigor, la disciplina y la repetición del gesto son indispensables para producir y crear. En esta exposición proponemos obras no para conceptualizar, sino para vivir, sentir y compartir.