Lejos de la suntuosidad del palacio, el Dominio de María Antonieta se compone del Gran Trianón, el Pequeño Trianón y la Aldea de la Reina, tan apreciada por María Antonieta.
La visita del dominio es indispensable si desea captar el espíritu de Versalles de forma integral. Cuente con dedicarle dos horas de visita.

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El Gran Trianón

Se quedará embelesado con el encanto innegable del Gran Trianón, construido en 1687 por Jules Hardouin Mansart para que Luis XIV pudiera huir de la fastuosidad de la corte y descansar en compañía de sus damas. A la vez intimista y refinado, el palacio de mármol rosa de inspiración italiana desprende poesía e invita al paseo. Es necesario imaginarse que, en aquella época, el Trianón estaba rodeado de miles de macetas con flores para poder cambiarlas todos los días y crear un espectáculo único de colores y de aromas.

El Gran Trianón, frecuentado por Napoleón Bonaparte y los Presidentes de la República que le sucedieron, sigue siendo actualmente un remanso de paz a dos pasos del Palacio.

 

El Pequeño Trianón

Refinado, elegante y lejos del tumulto de la vida real, el Pequeño Trianón se parece en todos los aspectos a María Antonieta. Semioculto por largas filas de árboles, el Pequeño Trianón desvela poco a poco sus tesoros. En su interior, se imagina fácilmente la vida que debía de tener María Antonieta. En el primer piso, descubrirá los salones de juego y ocio, los aposentos privados de la reina y su sorprendente gabinete con espejos en movimiento.

Fuera, tómese un tiempo para admirar la belleza del jardín inglés y compartir un momento romántico en el Templo del Amor. No pierda la ocasión de asomarse al Teatro de la Reina, donde María Antonieta subió al escenario para participar en numerosas representaciones, siempre con lleno total, por supuesto.

La Aldea de la reina

En oposición a la vida de la corte, María Antonieta mandó construir un verdadero pueblecito normando. Le sorprenderá toparse con este tipo de casitas rústicas en pleno corazón del Dominio de Versalles. La aldea, que cuenta con once casas repartidas alrededor de un gran lago y está coronada por un faro, sigue transmitiendo hoy la sensación de calma y quietud.

Sus hijos se maravillarán con las vacas, los machos cabríos, los cerdos y las gallinas que todavía viven en el lugar. Familiarice a los niños con la naturaleza en la granja pedagógica y comparta un momento de felicidad en un entorno espléndido.

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