Tras este modesto nombre se esconde un encantador hotel particular del siglo XVIII, que alberga colecciones variadas e interesantes, cuya historia es la siguiente:

El hotel particular de Jean-Baptiste Porchon

A orillas del antiguo estanque de Clagny, que decoraba el parque del castillo de Madame de Montespan (famosa amante de Luis XIV), un contratista de construcción del rey llamado Jean-Baptiste Porchon construyó para sí mismo este bonito hotel en 1751. La profesión del propietario también está representada por los atributos de los niños esculpidos en el frontón de la fachada. Este pequeño edificio, elegante, refinado y de dimensiones humanas e incluso intimistas, es muy representativo del arte de vivir del siglo XVIII, el siglo en el que Talleyrand decía: «Quien no ha vivido antes de 1789, no sabe qué es la dulzura de vivir...».

El Museo de la Ciudad de Versalles

Un siglo más tarde, el hotel pasó a manos de Victor Lambinet, magistrado del Tribunal de Versalles, y sus sobrinos nietos lo donaron a la ciudad en 1921 para que lo transformasen en museo…

El Museo de la Ciudad de Versalles ya existía desde el siglo XIX: estaba constituido por los objetos de arte que los eruditos versalleses habían legado a la biblioteca municipal junto con sus colecciones de libros raros. El museo se llamaba entonces Museo Jean Houdon, en memoria del famoso escultor versallés autor de algunas de las obras, y compartía los locales con la biblioteca municipal. Las colecciones del museo fueron incrementando hasta ser demasiadas para caber allí, de modo que fueron trasladadas de la calle de l'Indépendance Américaine al hotel Lambinet, donde el museo abrió sus puertas en 1932. Después de esa fecha, se extendió hacia el ala perpendicular, así que, a día de hoy, ¡cuenta con más de 35 salas!

A continuación, algunos de sus tesoros: entre las colecciones consagradas a las bellas artes, principalmente situadas en la planta baja, llaman la atención las obras de Jean-Antoine Houdon. El busto de Voltaire con la cabeza descubierta, el de Rousseau con peluca a la francesa o incluso el de La Fayette recuerdan los estrechos vínculos del escultor con los círculos de la Ilustración. También demuestran el talento excepcional del artista, capaz de dotar los rostros de mármol o yeso con el efecto ilusorio de la vida: pupilas e iris profundos imitando la mirada de forma asombrosa, labios entreabiertos a punto de hablar, movimiento de la cabeza…

También están representados otros grandes escultores del siglo XVIII, con los bustos de Luis XVI realizados por Augustin Pajou o el del mariscal Mauricio de Sajonia por JB Lemoyne.

Una bella colección de retratos pintados completa este conjunto, en el que destacan obras de artistas ilustres como René-Antoine Houasse, Louis Tocqué o Alexandre Roslin… Los amantes de la pintura descubrirán con deleite un bello conjunto de obras de la Edad de Oro holandesa y una importante serie de pinturas posimpresionistas, muchas de las cuales fueron creadas por Maximilien Luce.

Paseando a continuación por la primera planta, el visitante descubre las colecciones de artes decorativas, bien acomodadas en fascinantes boiseries (revestimiento de madera aplicado a paredes), declaradas monumentos históricos: los ramos de flores de porcelana de Vincennes y los jarrones de Sèvres recuerdan la proximidad de la famosa fábrica real, con la que Madame de Pompadour atrajo a Luis XV. Numerosos muebles estampillados (cómodas, escritorios, chifoniers y asientos) ilustran la sucesión de estilos del siglo XVIII, desde los perfiles rocallosos hasta la rigidez neoclásica, pasando por las formas intermedias del estilo de la Transición. El conjunto está dispuesto armoniosamente, para recrear el ambiente de los aposentos de una pareja adinerada del siglo XVIII.

Un museo consagrado a la historia de Versalles y la Revolución francesa

En cuanto a la segunda planta del museo, está completamente dedicada a la historia de Versalles y la revolución francesa. En ella encontramos infinidad de objetos curiosos: el sello de un antiguo señor de Versalles, que nos recuerda la existencia de un pueblo bastante antes de la presencia real; azulejos de cerámica provenientes del «Trianón de porcelana», construido donde ahora se encuentra el Gran Trianón de Luis XIV; huevos sorpresa que se ofrecían a las hijas de Luis XV en Pascua; botones de levita pintados con imágenes de las arboledas de los jardines de Versalles... Asimismo, encontramos suntuosos báculos de cristal de roca pertenecientes a los cargos superiores de la Abadía Real de Maubuisson, una hermosa colección de botes de farmacia del Hospital Real de Versalles, además de un conjunto significativo de cubiertos de plata para la misma institución... Definitivamente, ¡algo que sorprenderá al visitante más exigente!

Versalles fue el escenario de los comienzos de la Revolución, y en las salas del Museo Lambinet se despliega una colección muy importante de objetos relacionados con este periodo: entre las peculiares piezas, encontramos el discurso de inauguración de los Estados Generales de Luis XVI, imprimido en seda; cerámicas con decoraciones revolucionarias; un péndulo que señala la década del calendario establecido por la Convención... un conjunto importante de objetos y cuadros relacionados con Marat y Charlotte Corday, resultado del interés de un erudito versallés llamado Charles Vatel. Junto a los documentos gráficos, encontraremos por ejemplo un impresionante huevo tallado en marfil, cuyo interior está esculpido en altorrelieve escenificando el juicio de Charlotte Corday !

Tampoco se puede perder la sala de armas, donde se encuentran representadas preciosas piezas manufacturadas en la fábrica de Noël-Nicolas Boutet, abierta en 1793 en el antiguo Gran Común del Palacio de Versalles. La fábrica, que inicialmente se destinaba a equipar al ejército de la Revolución, elaboraba principalmente las «armas de recompensa» con las que el general Bonaparte estimulaba la valentía de sus hombres.

Esta lista es una invitación para descubrir las riquezas insospechadas del Museo Lambinet, pero se queda corta para enumerar todas las curiosidades extraordinarias que allí se encuentran. No se pierda las exposiciones temporales, que a menudo son una buena oportunidad para mostrar obras frágiles, normalmente reservadas…