Un arte experimentado...

¿Qué hay más ingenioso que utilizar decoraciones de pinturas para resaltar la arquitectura?

En su visita al Palacio de Versalles, no se fíe de las apariencias... El Salón de Hércules disimula, en uno de los extremos del techo, una estatua de mármol... ¡a menos que se trate de una pintura! En el Salón de Venus, la pintura de Jacques Rousseau abre la sala a un decorado completamente en perspectiva.

En el Pequeño Trianón, en el Teatro de la Reina, la sala lujosa está construida en madera pintada de falso mármol blanco veteado y ornamentado con esculturas de cartón piedra. La Lechería de la Reina utiliza los trampantojos sobre paredes y techos para transformar un simple muro de piedras en mármol.

La ciudad de Versalles no se queda atrás En los siglos XVII y XVIII, la piedra calcárea era escasa y el ladrillo de paramento no se fabricaba. Por lo tanto, las obras con cascotes de piedra moleña se recubrían con una mezcla de yeso y cal teñida de ocre rojo para imitar el ladrillo y embadurnada con ocre amarillo para evocar la piedra. Las falsas juntas de los ladrillos se grababan y se rellenaban de yeso blanco. Las dimensiones de los falsos ladrillos varían con el tiempo: de grandes dimensiones durante el reinado de Luis XIV, no dejarían de afinarse hasta su desaparición a finales del reinado de Luis XV (esta regla de composición en falsos ladrillos dará lugar finalmente al estilo neoclásico).

El rigor de composición de este tipo de fachadas obligaba a veces a los propietarios a realizar falsas ventanas: puede observar algunas en el número 22 de la calle de Satory.

En el número 2 de la calle Saint-Julien, la bella fachada de sillares del Hôtel des postes de Luis XV se ornamentó con un obelisco decorado con un buzón en trampantojo. No muy lejos, en la calle Mazière, tres falsas fachadas de tiendas ambientadas en el siglo XVIII adornan un muro ciego. En el 2 de la calle Carnot, tendrá la tentación de empujar esta puerta de bodega delante de la cual se posa una urraca hiperrealista.

Dé una vuelta por el comercio de alquiler de disfraces, en la calle des Deux-Portes. Después, intente llamar la atención de esos oficiales, vestidos con uniformes de la Gendarmería del siglo XVIII, que observan con un catalejo las idas y venidas de los transeúntes en la avenida de París.

Finalmente, diríjase a la calle de la Reine: ¿se ha dado cuenta de que las fábulas de La Fontaine se muestran sobre el mobiliario urbano?

Varias escuelas de arte se dedican actualmente a perpetuar este arte del trampantojo: la Escuela de Arte Mural y la Escuela Jean Sablé. Por ello, no podemos sino recomendarle que preste atención en su paseo por la ciudad, ya que nuestra lista está lejos de ser exhaustiva.

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