Todos los reyes y las reinas de Francia tenían predilección por los dulces: Luis XIII era un apasionado de las mermeladas, sobre todo después de las comidas, mientras que Luis XIV tenía una especial debilidad por las castañas confitadas y los pasteles. Luis XV no tardó en demostrar su inclinación por el chocolate caliente y presumía de sus virtudes tonificantes, afrodisíacas y energéticas. Por último, María Antonieta eligió como emblema culinario el macaron, por el cual sentía una devoción desmesurada.

Para descubrir las delicias de Versalles, no dude en pasear por sus mercados. Especialmente famoso es el mercado del barrio de Notre-Dame, construido en 1634 gracias a Luis XIII y reafirmado por Luis XIV con la construcción del mercado cubierto.  Por supuesto, lo frecuentan los versalleses, pero también acude gente desde Paris, de Neuilly, para hacer acopio de los productos frescos cultivados por los agricultores de la zona. Tampoco se puede perder el Huerto del rey ni las tiendas y comercios gourmet, que ofrecen una amplia gama de sabores y fragancias. Le harán descubrir o recordar las delicias creadas con las recetas tradicionales o adaptadas a las tendencias actuales, sabores delicados de ayer y hoy para el deleite de su paladar. Regálese, por ejemplo, las clásicas legumbres del Huerto del rey.

El Huerto del rey

Las hazañas de La Quintinie hicieron del huerto de Versalles un modelo a seguir, según decían sus contemporáneos, y cautivaron a los cortesanos. Las peras «Bon-Chrétien» se enviaban como regalo a los líderes mundiales y, como a Luis XIV le encantaban los guisantes, toda la corte estaba entusiasmada con estas legumbres. El Huerto del rey suministraba al rey frutas y verduras frescas todo el año y durante los festejos reales. También entregaba regularmente la recolección al servicio de la Bouche, y con ella se preparaban sopas, postres, buñuelos de verduras, pirámides de frutas... Cuando el rey estaba lejos de Versalles, La Quintinie debía asegurarse de hacérselo llegar en grandes canastas preparadas especialmente. Los productos considerados indignos de aparecer en la mesa del rey se distribuían entre los indigentes por un pasadizo llamado el «Public».

Después de la Revolución, al margen de las vicisitudes políticas, el Huerto siguió llenando las mesas del gobierno al cargo: el Servicio imperial, las Mesas de la República, etc. Dependiendo de la época, las frutas y verduras también se vendían en los mercados de Versalles o de París e in situ, como aún se hace a día de hoy.

Actualmente, la gastronomía todavía ocupa un lugar importante en Versalles y los restaurantes gastronómicos y con estrellas son muestra de ello: L’Angélique, del chef Régis Douysset, «Gordon Ramsay» en el Trianon Palace o más recientemente «La Table du 11» del joven chef Jean-Baptiste Lavergne-Morazzani, ¡que ha obtenido su primera estrella tan solo un año después de su apertura!

Y no olvidemos el nuevo restaurante de Alain Ducasse en Versalles: Ore. «Ore» significa «boca» en latín. Alain Ducasse se refiere así al placer de comer arraigado al arte de vivir a la francesa y, particularmente, a Versalles, al servicio de la boca del rey, responsable de la preparación de la comida servida en la corte.